Hasta ahora hemos hablado de cómo cambió la forma de postular y de cómo un CV puede atravesar distintos filtros antes de llegar a un reclutador, pero existe una pregunta bastante más incómoda:
¿Qué estamos haciendo mal los propios postulantes?
Porque la verdad es que no siempre quedar fuera de un proceso significa que no tengamos las competencias necesarias. A veces el problema está en cómo presentamos nuestra experiencia, cómo elegimos las oportunidades o incluso en cómo utilizamos las nuevas herramientas disponibles.
Y aquí aparecen algunos errores que siguen siendo sorprendentemente frecuentes.
Enviar el mismo CV a todas partes
Quizás sea uno de los errores más comunes.
Tenemos un currículum, encontramos diez ofertas y enviamos el mismo documento a todas.
Parece eficiente. Pero no necesariamente lo es.
Una empresa puede estar buscando un jefe de operaciones y otra un gerente de proyectos. Aunque nuestro perfil pueda ser adecuado para ambas posiciones, probablemente no necesitan conocer exactamente los mismos aspectos de nuestra trayectoria.
Personalizar no significa inventar experiencia. Significa destacar la experiencia que realmente importa para esa oportunidad.
Describir funciones en lugar de demostrar resultados
- “Responsable de liderar equipos.”
- “Encargado de gestionar proyectos.”
- “Participación en procesos de transformación.”
Son frases correctas. El problema es que no dicen demasiado.
Un buen CV debería ayudar a responder preguntas como:
¿Qué hiciste? ¿Qué problema resolviste? ¿Qué impacto generaste?
No es lo mismo decir que lideraste un equipo que explicar que dirigiste un equipo de 20 personas durante una transformación operacional y conseguiste reducir determinados tiempos o mejorar un indicador.
La diferencia está en los resultados y es que las responsabilidades cuentan quién eras dentro de una organización. Los logros muestran lo que fuiste capaz de conseguir.
Tener demasiada experiencia… y contarla toda
Este error afecta especialmente a los profesionales senior.
Después de 20 o 25 años de trayectoria, resulta difícil decidir qué dejar fuera.
Queremos mostrarlo todo.
Pero un CV no debería ser una autobiografía profesional.
Una trayectoria extensa necesita curaduría.
Lo importante no es demostrar que hemos trabajado durante muchos años. El desafío es demostrar por qué esos años nos convierten en una alternativa relevante para el cargo al que estamos postulando. A veces, quitar información hace que la experiencia se vea más fuerte.
Utilizar palabras que todos utilizan
- “Proactivo”.
- “Orientado a resultados”.
- “Excelente capacidad de liderazgo”.
- “Trabajo bajo presión”.
- “Responsable y comprometido”.
- ¿Te suenan conocidas?
El problema no es que estas características sean falsas. El problema es que aparecen en prácticamente todos los CV.
En lugar de decir que tenemos liderazgo, es mucho más interesante mostrar cómo hemos liderado.
En lugar de afirmar que somos orientados a resultados, mostrar qué resultados conseguimos.
La experiencia concreta tiene mucho más peso que el adjetivo.
Descuidar LinkedIn
Otro error bastante frecuente es pensar que el proceso termina después de enviar el CV. No necesariamente, hoy, una búsqueda rápida en LinkedIn puede ser parte del proceso de evaluación.
Un perfil desactualizado, incompleto o que contradice la información del currículum puede generar dudas. Por el contrario, un perfil bien construido puede reforzar aquello que queremos transmitir.
No necesitamos convertirnos en influencers, pero sí deberíamos preguntarnos:
¿Mi perfil de LinkedIn representa realmente al profesional que soy hoy?
Postular sin investigar
Hay personas que leen el cargo, sienten que cumplen con algunos requisitos y postulan inmediatamente.
- El Postulante 2.0 se detiene unos minutos.
- Investiga la empresa.
- Lee nuevamente la descripción.
- Identifica cuáles son las competencias realmente importantes.
- Busca información sobre la industria, el desafío del cargo y, cuando sea posible, sobre la cultura de la organización.
Ese pequeño esfuerzo puede cambiar completamente la calidad de una postulación.
Porque una cosa es decir:
“Quiero este trabajo.” y otra muy diferente es demostrar:
“Entiendo lo que necesitan y puedo aportar en esto.”
No utilizar IA… o utilizarla demasiado
La inteligencia artificial abre una oportunidad enorme para los postulantes.
Pero existen dos extremos.
- El primero es ignorarla completamente.
- El segundo es utilizarla para absolutamente todo.
Copiar un texto generado por IA y pegarlo directamente en el CV puede producir un resultado correcto, pero poco personal.
También puede introducir habilidades que realmente no tenemos, exagerar experiencias o utilizar un lenguaje que no representa nuestra manera de comunicarnos. La mejor utilización de la IA probablemente esté en otro lugar:
pensar mejor, analizar mejor y prepararnos mejor.
Puede ayudarnos a detectar brechas, comparar nuestro perfil con una oferta, preparar una entrevista o encontrar una forma más clara de expresar un logro, pero la última palabra debería seguir siendo nuestra.
Pensar que mientras más postulaciones, mejor
Es fácil caer en la lógica de los números.
- “Hoy envié 15 CV.”
- “Mañana enviaré otros 20.”
Pero una búsqueda laboral efectiva no necesariamente se mide por cantidad de postulaciones.
También se mide por calidad y estrategia.
Quizás diez postulaciones completamente genéricas produzcan menos oportunidades que tres postulaciones cuidadosamente preparadas para cargos realmente alineados con nuestro perfil.
Buscar trabajo también requiere foco.
No conocer nuestras propias brechas
Este puede ser uno de los errores más difíciles de reconocer.
A veces culpamos al mercado, al reclutador, al ATS o a la situación económica cuando no obtenemos respuestas.
Pero también deberíamos preguntarnos:
¿Qué está faltando en mi perfil?
- Puede ser una competencia técnica.
- Una certificación.
- Un idioma.
- Experiencia específica.
- Conocimiento de una industria.
- Manejo de nuevas herramientas.
O incluso una mejor manera de comunicar nuestra experiencia.
Reconocer una brecha no significa disminuir nuestro valor.
Al contrario.
Es el primer paso para fortalecerlo.
Convertirse en Postulante 2.0
Todos estos errores tienen algo en común: muchos pertenecen a una forma antigua de entender la búsqueda laboral.
El mercado cambió, pero algunas prácticas quedaron atrás. Hoy no basta con tener experiencia y enviar un CV.
Hay que conocer nuestro valor, entender el mercado, adaptar la postulación, cuidar nuestra presencia profesional y utilizar la tecnología con criterio y quizás esa sea la principal diferencia entre el postulante tradicional y el Postulante 2.0:
uno espera que su experiencia hable por sí sola; el otro aprende a comunicarla.
No se trata de convertir la búsqueda laboral en una estrategia artificial o excesivamente calculada. Se trata de algo mucho más humano: conocernos mejor, entender qué podemos aportar y aprender a mostrarlo de una manera que el mercado pueda reconocer.
Porque si la forma de buscar trabajo cambió, también tenemos una oportunidad, la oportunidad de dejar de postular como antes y empezar a construir una estrategia profesional más consciente, más visible y mucho más conectada con la realidad actual.
En el próximo artículo de esta serie iremos justamente a la acción: ¿Cómo convertirse realmente en un Postulante 2.0?
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