Introducción
La verdad es que vivimos en la era de “hacer mil cosas a la vez”. Revisamos correos mientras escuchamos un podcast, contestamos mensajes mientras redactamos un informe, y de fondo, la videollamada de la tarde nos recuerda que el día no espera. Todo parece posible: más tareas, más logros, más eficiencia. Pero, y es que aquí está la ironía, ¿realmente estamos siendo más productivos o solo más dispersos?
Este artículo busca explorar cómo la multitarea afecta nuestra atención, nuestro bienestar emocional y la calidad del trabajo, y cómo podemos aprender a gestionar la sobrecarga de manera más consciente.
La ilusión de hacer más
Hacer varias cosas a la vez nos da una sensación inmediata de eficacia. Miramos la lista de tareas y sentimos que avanzamos rápidamente, que estamos “ganando tiempo”. Pero la verdad es que el cerebro humano no está diseñado para dividir la atención de manera eficiente. Saltar constantemente de una tarea a otra genera fragmentación y un agotamiento silencioso.
Por ejemplo, un amigo contaba cómo mientras redactaba un informe revisaba mensajes de trabajo, correos personales y notificaciones de redes sociales. Al final del día, había pasado horas frente a la pantalla, pero el informe necesitaba varias correcciones y sentía un cansancio que no podía explicar. La ilusión de productividad lo había atrapado, mientras la eficiencia real se desvanecía.
Distracción, estrés y errores
La multitarea no solo ralentiza el aprendizaje y la concentración; también aumenta el riesgo de cometer errores y genera estrés. Cada interrupción requiere un esfuerzo adicional para volver a enfocarse, y la tensión se acumula, muchas veces sin que nos demos cuenta.
Y es que no es solo cuestión de tiempo perdido, sino de energía emocional drenada. Es como tratar de sostener varias bolas en el aire al mismo tiempo: algunas caerán, y mientras las recoges, otras se perderán. La sensación de urgencia constante nos mantiene alertas, pero también agotados, ansiosos y, paradójicamente, menos productivos.
La trampa de la multitarea digital
La tecnología facilita la multitarea, pero también la incentiva. Notificaciones, chats, ventanas abiertas, correos entrantes… todo compite por nuestra atención. La verdad es que estar conectados no significa estar concentrados. El cerebro humano necesita foco y pausas para rendir de manera óptima.
Un ejemplo cercano: muchos trabajadores intentan responder correos mientras participan en reuniones virtuales. La atención se reparte, se pierden matices importantes y la calidad de la comunicación disminuye. La sensación de eficiencia es un espejismo: estamos ocupados, sí, pero no necesariamente avanzando de manera significativa.
Cómo recuperar enfoque y productividad real
No se trata de renunciar a la tecnología ni a las múltiples responsabilidades. Se trata de organizar el trabajo de manera consciente, priorizando lo que realmente importa y protegiendo la atención. Algunas estrategias funcionan muy bien:
- Bloques de tiempo dedicados a una sola tarea, sin interrupciones.
- Pausas activas para desconectar y recargar energía mental.
- Listas de prioridades claras, separando lo urgente de lo importante.
- Desactivar notificaciones que interrumpen el foco.
Además, es fundamental aceptar que la productividad no se mide solo por cantidad de tareas realizadas, sino por calidad, sentido y bienestar emocional. El trabajo efectivo combina concentración, intención y momentos de descanso.
Conclusión
La multitarea nos da la ilusión de eficiencia, pero a menudo nos hace dispersos, estresados y menos efectivos. La verdadera productividad no se trata de hacer más, sino de hacer mejor, con atención y propósito.
La verdad es que aprender a gestionar nuestra atención es más valioso que acumular tareas. Porque al final, estar ocupados no significa estar avanzando. Recuperar el foco, priorizar y trabajar con intención nos permite ser verdaderamente productivos y, al mismo tiempo, cuidar nuestra salud emocional.
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